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Hoy 12 de Mayo se celebra el día internacional de la enfermera. Muchos damos por hecho la existencia de estas profesionales, sin embargo, muy pocos reconocen el esfuerzo, dedicación y amor que le ponen a cada día de trabajo. Su paciencia, amor, devoción y vocación son un ejemplo a seguir y una inspiración para muchos.Hoy, en su día, queremos honrarlas y hacerles ver que “no se trabaja de enfermera, se es enfermera”.

Hoy les queremos compartir la carta que le escribe una joven de 22 años a la enfermera que la atendió después de que ella sufriera un derrame cerebral. Isabel Sánchez no es de esas personas que trabajan para vivir, sino que vive por su trabajo. Es enfermera y trabaja en la UCI del Hospital Carlos Haya de Málaga. Casos complicados, como el de Almudena, la joven de 22 años que ingresó por un derrame cerebral. Allí estaba Isabel y sus compañeras para “desde el silencio de aquella habitación, transmitir ese amor maternal”.

La carta dice así.

A MI QUERIDA ISA…

Mi querida Isa, quería tener un detalle más personal contigo. Algo que ya intuías, pues mi madre no podía guardar el secreto. Pero yo, realmente, quiero que sea un secreto a voces y que sepa todo el mundo lo afortunada que he sido al tenerte a mi lado.

He conocido a una Isa muy particular, una Isa que ha ido más allá de su labor. Tú me has cuidado, pero, además, te has preocupado por mí como lo haría mi madre.

Desde el silencio de aquella habitación, he comprobado cómo te preocupabas por mí con ese amor maternal y cómo me mirabas con otros ojos, consiguiendo así que me sintiese realmente especial.

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Isabel, en el centro con sus compañeras

Tú dirás o pensarás que esto es innecesario, que simplemente haces tu trabajo, pero estar enferma y pasar tantos días allí, a veces te desespera cuando sientes que estás mejor y eres consciente de ello.

Tantos días allí dieron para mucho… Cómo olvidar aquella mañana en la que te propusiste lavarme la cabeza. Me regalaste hasta una pasta de dientes y me tenías guardado un peine. Esos coleteros que me apañabas y con los que tomabas tu tiempo para ponerme guapa con esas trenzas y coletas que me hacías, Pero es que, además, me has aportado esa paz o tranquilidad, ese amor y hasta ese toque necesario de diversión y siempre, siempre con esa sonrisa y ese espíritu joven que desprendes. Eres una gran mujer, mi querida “mamá Isa”. Tu bondad innata habla por sí sola. Al igual que dejo escrito en la carta hacia todos, las cosas ocurren por algo y nuestro camino estaba destinado a cruzarse, quizá no en el mejor lugar del mundo, pero de alguna forma u otra, tenía que ocurrir. De eso estoy seguro.

Gracias y mil veces gracias por regalarme lo mejor de ti y por acompañarme en este camino.

Espero que algún día nuestros caminos vuelvan a cruzarse y así volver a ver tu entrañable sonrisa. Pero mientras llega, si algún día ha de llegar, quiero que sepas que ya formas parte de mí y que nunca te olvidaré mientras mi cabeza te recuerde y mi corazón siga latiendo, pues ya tienes un lugar en éste.

Te quiero y siempre te estaré agradecida,

Almudena”.