En nuestro país el DIA DE MUERTOS  representa:  Tiempo de reencuentro, tiempo de recuerdos memorables, tiempo de melancolía, de tristeza, de alegría, de júbilo de regocijo, de emociones intensas…de unión familiar. Tiempo de buscar nuestras raíces, tiempo de vivir nuestra historia, de alimentar nuestra fe.

El Mexicano ha rendido homenaje a la muerte de muchas maneras a lo largo de su historia: relatos literarios, leyendas, novelas, poemas, caricaturas, chistes, artesanías, pinturas, obras de teatro, ya que a la muerte se le siente como parte de nuestro pueblo, se le adula, se le canta y se le festeja.

Una de las obras de teatro de más trascendencia  y que sólo se pone en escena durante esta festividad, teniendo un papel importante dentro de ella es precisamente “Don Juan Tenorio.” Y otra muestra del ingenio de nuestro pueblo son las famosas “Calaveras” versitos chistosos, sarcásticos y burlones que con un papel de crítica social, política o personal se escriben a los amigos, familiares o personajes importantes de la sociedad o de la política mexicanas.

Como podemos ver el humorismo del Mexicano hacia la muerte es único: ingenio, creatividad, ironía, arte y sarcasmo se unen para dar vida a esta tradición en donde la muerte pierde por completo su poder de intimidar y no nos viene a causar el temor de las tinieblas sino todo lo contrario, en México a la muerte se le ve como la antítesis de lo pavoroso; en México la muerte se quita su vieja indumentaria, se viste con ropas de la época y causa regocijo y un ejemplo muy claro de esto es la ya famosa Catrina de Posadas.

La celebración del Día de Muertos en nuestro país se remonta a la época prehispánica, siendo ésta la fiesta de la cosecha en donde se rendía tributo a los muertos por su intervención ante los dioses para lograr abundante producción. Se les ofrendaba comida, producto de la misma cosecha.

Los mexicas  concebían a la muerte como un período cíclico; ellos pensaban que el hombre vivía para morir y moría para volver a  vivir. Para el indígena mesoamericano, la muerte era el inicio de una vida nueva, de un ciclo renovado. Para ellos era muy importante la forma en que la persona moría, pues de ello dependía el destino que el alma recibiría.

Prueba de ello son los restos arqueológicos de tumbas que se han encontrado, en donde se confirma la costumbre que tenían nuestros antepasados de ofrendar alimentos, utensilios, adornos, objetos de uso personal, asociados a los restos humanos. Es posible observar en algunos enterramientos objetos dispuestos sobre los restos, o depositados a su lado, éstos generalmente se conocen con el nombre de ofrendas, las cuales son dádivas o muestras de gratitud o amor y se encuentran desde vasijas de barro hasta objetos de tipo personal importantes para el individuo durante su vida, como collares, anillos, pulseras, pendientes, juguetes, armas, adornos de todo tipo de materiales.

Tambien colocaban flores como tributo  y respeto hacia ellos, Conocida por los antiguos pobladores de México, como la “flor de los cuatrocientos pétalos” o de las “veinte flores”, en algunas partes es llamada “pericón o flor de muerto” Esta ha sido, desde siempre, una de las flores utilizadas y es precisamente porque ostenta el color del sol, lugar a donde anhelaban llegar todas las personas después de su muerte, por esa razón, con esta flor se cubrían exuberantemente las tumbas de los muertos y se adornaban los altares de las ofrendas en estas mismas festividades. La flor de Cempoalxochitl tiene entre nuestro pueblo un significado místico, incluso hoy en día se encuentra en las comunidades indígenas que se elaboran collares de esta flor para uso exclusivamente de la gente más notable por su bondad, por su autoridad o por su status.

Un detalle importante en los hallazgos arqueológicos son los restos de osamenta de perro, el cual enterraban junto con el difunto, pues tenían la creencia de que eran los perros los que guiaban a las almas hasta su morada en el más allá. Por esa razón en los días en que festejaban a sus difuntos dedicaban un día a las almas de los perros a los que esperaban el día 27 de octubre.

Antes de la llegada de los españoles las ofrendas contenían tamales, los que se elaboraban con formas humanas, por lo que los extranjeros lo asociaron con la antropofagia, porque simbólicamente comían el cuerpo del muerto. Sin embargo la simbología  de comer el pan en forma humana es la de apropiarse, de esa manera, de los méritos, cualidades y virtudes de los difuntos. Dentro de la creencia católica, el pan es el símbolo del Cuerpo de Cristo, y del sustento, e indicador del trabajo, bajo el precepto divino de ” ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Esto, aunado a la creatividad de los mexicanos adquiere la calidad de artesanía y nace el Pan de Muertos.

Para la celebración existe todo un calendario ritual en que se celebra a los distintos tipos de personas o de circunstancias en que han fallecido. Posee la particularidad de que el punto de arranque o de inicio de las distintas etapas de la celebración es a las 12:00 horas, pues era exactamente a las 12:00 del día cuando el sol atravesaba el meridiano.

La celebración empieza el día 28 de octubre a las 12:00 horas, día en que se conmemora a las personas que tuvieron una muerte violenta y para quienes se colocan en el altar flores moradas y azules.

El 29 de octubre con una ofrenda semejante a la anterior se festeja a los que fallecieron ahogados.

El 30 de octubre se celebra a los que fallecieron a l nacer y que están en el “limbo”, para quienes se colocan en el altar flores moradas y blancas, se colocan también agua bendita y se enciende una veladora.

1° de Noviembre, este día es muy especial pues se festeja a los chiquitos y en el altar no deben de faltar canastitas elaboradas con papel picado de colores para las niñas y guacalitos para los niños llenos de dulce de jamoncillo y de pepita, se colocan también tamalitos de dulce, caldito de pollo con verduras, fruta, jamoncillo en figuritas, vasos de agua de sabores, chocolate, caramelos, velitas y juguetitos de barro pintados con colores brillantes, ya que se piensa que a las almas de los niños les gusta jugar durante la visita.

Para el 2° de noviembre a las 12:00 horas se levanta la ofrenda de los chiquitos y se coloca la ofrenda de los mayores, retirándola el 2 de noviembre a las 12:00 de día; no se debe de olvidar que como el visitante es un espíritu, solamente podrá aspirar el aroma de lo ofrendado y eso será suficiente para que se vaya satisfecho, posteriormente las familias unidas visitan el cementerio, llegan hasta las tumbas de sus familiares, las asean, las pintan, las riegan con agua bendita y las adornan con flores naturales y con coronas elaboradas con flores de papel, intercambian los alimentos con los amigos y familiares y se los comen. Esta visita que se hace al cementerio a las doce del día del 2 de noviembre  y tiene como fin el de “encaminar” a las almas de nuestros seres queridos otra vez al más allá.

El día 3 de noviembre se celebra al “ánima sola”, la que ya no tiene descendencia y como se dice que ésta no puede entrar a las casas entonces en el exterior de cada una de ellas se sitúa una repisa adornada con papel picado, en donde se pone un pan, un tamal, una figura de chocolate, un vaso con agua, un platito con sal y una veladora encendida; la ofrenda deberá recogerse a las 12:00 horas del mismo día.